domingo, 30 de marzo de 2008

Intolerantes polinomios de segundo grado

No soy obtuso. Lo mío ha sido siempre moverme en ángulo recto. Y así aparente gesto grave, tengo un arco por sonrisa.

Mas una que otra vez, para despistar a los cuadrados, triangulo sin reglas. Entonces, matemáticamente, les machaco milimétricamente el sentido. Amago a ir por la hipotenusa y me descuelgo por los catetos.

Los tipos, palotes de primaria, se quedan gritándome coordenadas a centímetros de la arquitectura.

–¡Decímetro algo y te desestructuro el frontispicio, cuadrilátero! –se desaforan.

Insulsos trigonómetros incapaces de inferir mis senos y cosenos. En vano dicen que es recta la línea más corta entre dos puntos. Ése es otro teorema para ellos.

Mucho no hay que hacer cuando uno, cambiando el plano, se mueve en círculos. La gente se pone odiosamente concéntrica. Se les vuelan los Tales de Mileto, les aflora el poligonismo y arrojan cubos por las tangentes.

Pero, aunque yo no soy petulante ni hiperbólico, no voy a permitir que se consideren equidistantes del centro de mi universo. Tengo mis derechos y mis rectas, por supuesto. Y ellos deben respetar las normas.

Es una cuestión de peso: todo tiene sus medidas. Habrán de conservar la distancia y no ser tan superficiales. Cuestión de compás, vea.

–Por favor, caballeros, no sobrepasen la línea por los lados –les pido cuando empiezan a alborotar los perímetros–. Mantengamos las simetrías y la singularidad primaria.

En ocasiones es matemáticamente imposible reducirlos a cero. Se transforman. Les puede la masa, los absorbe el conjunto y ahí los tiene, devenidos intolerantes polinomios de segundo grado. Únicos, absolutos, números primos.

Entonces muchos superan el diámetro del respeto y acortan el radio de la tolerancia. Y qué quiere que le diga, cuando esta chusma impar y de valor negativo destruye la circunferencia en la que cobijo mi aceptable cuadrícula de principios morales, yo me salgo de escuadra y todo me infla los conos.

Entonces, adiós paciencia pitagórica, adiós razón cartesiana y bienvenidos al universo cuántico de mi existencia. ¡Ma' qué teoría ni ocho cuartos de grado! Aunque suene cilíndrico de mi parte, ya no reconozco igualdades ni equilateralidad y me vale un álgebra la estabilidad de mi propio sistema axiomático. ¡Que se infarte de un poliedro discreto! ¡A mí se me piantan los escalenos si estos volúmenes me rompen demasiado los óvalos, don Euclidiano!.

4 COMENTARIOS:

Marion

No había visto este texto, Diego. Es muy bueno.

Marion Getz
Miami, FL

Diego Fonseca

Marion, muchas gracias. Es la primera que lo dice. A mí también me gusta mucho.

Un fantasma recorre el Sur

Es cierto lo que dice Marion. Pero pasa que lo metiste al principio del blog por lo que veo. Qué tal si lo reeditás ahora? Con más tráfico vas a ver que le llueven comentarios. Creeme, Gemelo. A proposito, el nickname y el nombre del blog es una perlita. Qué suerte que tuviste de encontrarlo libre en español. Recién probé y en inglés está registrado. Vas a registrar en otro idioma? Debieras. Si esto crece, te van a querer robar el queso, che

Soboro

Simplemente genial.

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