lunes, 9 de junio de 2008

Badalum El Príncipe y el Reino de Goq

Badalum El Príncipe es dueño del Reino de Goq. Badalum vuela. En el Reino de Goq nadie camina. La gente vive colgada de palitos, salta o, como su rey, vuela. Goq no tiene tierra. El reino son dos pequeñas nubes rojas unidas por un puente de pan en un Cielo marrón.

Jamás llueve en Goq pero tampoco hay sol. Una nube muy grande y amarilla pende sobre la comarca de vapor de agua. Es el Reino de Zim y Bunda y desde hace muchos años se queda con toda la luz.

En Zim y Bunda el rey se llama Patelo-Zim. Tiempo atrás, Patelo-Zim conoció a la princesa Osi-Bunda. Sus reinos eran parecidos, amarillos y soleados. ¿Y qué vas a hacer si conoces a alguien con un reino igualito al tuyo? O te escapas o te casas. Eso hicieron Patelo-Zim y Osi-Bunda y unieron las nubes.

Entonces nadie sabía que el Viento Frío de los Zambures de Pincalia empujaría al Reino de Zim y Bunda sobre Goq. De hecho, uno y otro reinos ocupaban lugares muy distantes en el Cielo café. Ahora la nube amarilla de Patelo-Zim y Osi-Bunda cubre el diminuto Reino de Goq y Badalum El Príncipe no vuela feliz. Se choca los palos y postes de sus bosques de cañas, tacuaras y caños.

Enfadado, llamó a reunión a los monarcas de Zim y Bunda. Ellos bajaron de su nube amarilla por uno de los tubos de cristal que une los reinos. Los habitantes de Zim y Bunda no vuelan ni saltan ni viven en palitos como los súbditos de Badalum El Príncipe. Caminan con las seis manos.

Se reunieron en el patio central de palacio, donde está El Palo de Los Amigos. Badalum El Príncipe invitó a Patelo-Zim a jugar en él para discutir la contrariedad. Sabía muy bien lo que hacía. En ese mismo lugar acordó la paz con los Zambures de Pincalia, unos señores largos y grises con dientes de hielo. Los Zambures de Pincalia querían derrumbar el puente de pan, comérselo y llevarse una de las nubes rojas de Goq.

Badalum El Príncipe y Patelo-Zim se entendieron rápidamente. El último, además, confirmó sus sospechas: los Zambures de Pincalia querían enemistarlos. Mala gente, gente mala, dijo. Sugirió que Zim y Bunda y Goq se unieran para enfrentarlos. Badalum El Príncipe no necesitó más. Propuso la alianza volando en círculos alrededor de su amigo zim. Éste la aceptó tirándose boca arriba con las seis manitas. Después bebieron licor de hongos dulces y comieron pétalos de carcamendia. Untaron El Palo de Los Amigos con dulce de caña y firmaron el pacto restregándose contra él.

Pegajosos, los monarcas fueron donde los Zambures de Pincalia a pedir que soplen su Viento Frío en otra dirección. No resultó. El Rey Monojimeno, un zambur feo y glotón, amenazó con clavarles los dientes de hielo a la primera palabra tierna y amistosa que pronunciaron. Punto final. Badalum El Príncipe y Patelo-Zim huyeron rápidamente de la nube negra, la guarida de El Rey Monojimeno donde también se aloja el Viento Frío.

Osi-Bunda, la esposa de Patelo-Zim, sugirió entonces que los monarcas se prepararen para la Batalla de Los Hombres de Abajo. Desde tiempos inmemoriales, todo enfrentamiento en el Cielo se llama así; los antiguos habitantes de la bóveda vieron lo horrible y lo indecible ocurriendo entre los moradores del Planeta Azul, Blanco, Marrón y Verde. Nadie conoce cómo es ese lugar. Se sabe que queda muy pero muy debajo de la más lejana de las nubes imperiales del Cielo. Y nada más. Quién vive allí tampoco a nadie importa.

Lo que sí convoca a todos es la osadía y descaro de los Zambures de Pincalia. Osi-Bunda sabe de lo que es capaz El Rey Monojimeno. Su Reino de Bunda era una nube amarilla grande como dos docenas de nubes de Goq y ocho de Zim. Los Zambures de Pincalia la atacaron con su Viento Frío y los cálidos habitantes de Bunda se rindieron prontamente. La mitad del reino fue cortada en trozos y llevada a la nube negra de El Rey Monojimeno. Allí le quitó el color y se comió a los bundas que la habitaban.

Badalum El Príncipe y Patelo-Zim comprendieron que habían salvado sus vidas por un pelín al viajar con una pequeña escolta al reino malo. Pero debían hacerlo. La diplomacia, las buenas formas y el dulce de caña son siempre bien vistos, dijo el jefe de Goq a su también nervioso amigo.

Osi-Bunda les pasó una cuba de medicamento cocacolino para calmarlos. Luego dijo que debían olvidar pues sus gentes esperaban de ellos la rectitud, entereza y valentía propias de zoqs y zims creciditos. A preparar ejércitos poderosos, les ordenó; el Rey Monojimeno será impiadoso. A veces Osi-Bunda parece más una madre-Zim que una esposa-Bunda, dijo en un suspiro de voz Patelo-Zim a su compadre Badalum El Príncipe.

La preparación de los ejércitos tomó doce lunas y treinta y seis soles. Goq proveyó sus infantes voladores y la caballería saltarina. Zim preparó una guerra de zapa con sus mejores soldaditos de espionaje. Nadie recordó cómo preparar explosivos. Estaban olvidados en el Cielo desde que el Reino de Layt festejó su aniversario dosmilnovecientosycuentos con bombas de agua. Su nube desapareció, convertida en algo que Los Hombres de Abajo llaman Lluvia.

Los ejércitos se entrenaron entre saltos, piruetas y veloces movimientos de grillo mientras Badalum El Príncipe y Patelo-Zim enviaron emisarios a los Zambures de Pincalia. No era una distracción; no querían pelear. Buscaban que El Rey Monojimeno firmase un armisticio blanco, que es el color que tiene la paz en todos los universos conocidos.

Era entendible. El miedo les había crecido desde días previos. El Viento de los Zambures de Pincalia no había dejado de soplar sobre los pequeños reinos unidos. Ahora sus límites estaban marcado por tenebrosas nubes oscuras que rodeaban a las rojas y amarillas de Goq y Zim y Bunda.

Curiosamente, El Rey Monojimeno fue comprensivo con los enviados. No se los comió, como hacía con las visitas sorpresivas. Los escuchó atentamente y luego habló. Estoy viejo, dijo a los emisarios, y no quiero guerrear más. Extraño mis días juveniles, cuando bailaba cadereadas sin reposo. Desearía pedir una sincera disculpa a sus majestades pequeñas. Es más, informó, ordenaré que el Viento Frío traiga mis nubes de regreso.

Cuando oyeron estas palabras, Badalum El Príncipe y Patelo-Zim se conmovieron. La bondad es buena, se dijeron. Nuestra diplomacia es diplomática y funcionaron las funciones. Ambos reyes decidieron enviar un nuevo grupo de goqs, zims y bundas con una propuesta de paz irreprochable: jugar los tres en El Palo de los Amigos de Goq, comer carcamendias, beber licor de hongos y untarse con dulce de caña para afianzar la recuperación de las buenas relaciones.

Esa tarde, el goq y el zim volvieron a festejar con sus bebidas y juegos ante la mirada reconcentrada de la astuta Osi-Bunda. Ella no creía en El Rey Monojimeno y, por eso mismo, mantuvo apostadas a las generalísimas del ejército unido. Los guerreros goqs y zims y bundas, dijo, deben manterse en sus ejércitos, en descanso, pero alertas.

Uno de esos días, mientras los guerreros dormían colgados de los palitos de Goq, los zapadores de Zim y Bunda retornaron de misión portando el aviso trágico. Enviados por Osi-Bunda a espiar a los Zambures de Pincalia, notaron que las nubes negras del reino malo habían detenido su retirada. Es más, contarían a la reina, el Viento Frío había revertido su dirección. El ejército oscuro regresaba a por los reinos de colores.

La traición sospechada por Osi-Bunda se consumó esa misma tarde. Los Zambures de Pincalia cayeron sobre el Reino de Zim y Bunda con velocidad de rayo y furia tormentosa. En horas, los esfuerzos de sus guerreros fueron superados. La nube dorada de Zim y Bunda, azotada por trombas y huracanes de Viento Frío, tomó un inevitable tono mortuorio.


Los Zambures de Pincalia engullían muertos, heridos e ilesos sin distingo. Los soldados sobrevivientes descendieron por los tubos de cristal al Reino de Goq. Algunos, por el pavor de una muerte que entrevían horrenda, asumieron un arrojo superior: saltaron. Dar El Salto en el Reino de Zim y Bunda es casi imposible. Las manitos de sus habitantes no están preparadas para las piruetas, muy comunes en Goq.

Los zims y bundas saltarines terminaron enredados en los palillos de Goq. Quienes los esquivaron tenían tanto susto que no pudieron batallar más. El Rey Monojimeno era astuto y tan informado que hasta conocía de morigenia, urdanismo y persefinidad. Es muys posible que sus Zambures de Pincalia supieran sobre El Salto, pues arremetieron con toda su fuerza. Era el ataque final.

El Viento Frío congeló los palitos de caña y los sables bucales de los Zambures rasgaron los cuerpecitos de los goqs y zims que vanamente resistían en la primera nube. El combate fue feroz pero duró una nada. Las escuadras oscuras cayeron prontamente sobre el puente de pan que unía los vapores de Goq. Las tropas zamburinas se tragaron el puente en un abrir y cerrar de ojos.

Un zambur alto dio el golpe simbólico al fin de la alianza atacando con su bocaza El Palo de Los Amigos. La estructura no resistió la presión de los molares de la bestia y se partió en cientos de pedazos. El zambur ofreció los destrozos a El Rey Monojimeno, que los elevó sobre su cabellera azabache. Mirando al Cielo marrón, rugió con voz de trueno, como cuando el Viento Frío anunciaba sus tormentas fatales.

Los Zambures de Pincalia arremetieron contra lo último que quedaba en pie. Badalum El Príncipe, Patelo-Zim y Osi-Bunda reunieron a sus generalísimas saltarinas y voladoras y a los últimos zapadores. No había alternativas. Muchos largos hacia abajo estaban las nubes verdes de Los Guardianes. Aquel era uno de los pocos reinos que los Zambures de Pincalia realmente temían.

Los Guardianes eran gordos fofos, más feos que los Zambures y dueños de mayor ferocidad. Pero no tenían interés alguno en moverse de su reino; sólo se defendían de quienes los atacaban. Como los Zambures, se comían todo lo que caía allí. Seguramente también se habían devorado a los zims y bundas que intentaron El Vuelo a Goq sin éxito. Caer en las algodonadas praderas verdes de Los Guardianes tampoco fue su salvación. Los pobrecitos cambiaron muerte por muerte.

Sólo el riesgo de verse cercados por los Zambures de Pincalia podría movilizar a los gordos Guardianes más allá de sus nubes pastoriles. Pero llamar su atención entrañaba un riesgo elevado. Los Guardianes siempre exigían sacrificios a cambio de ayuda. Badalum El Príncipe y los reyes de Zim y Bunda lo sabían. Fue el rey de Goq quien no dudó en asumir el rol indeseado.

Dando un giro en el aire, cayó en el mismo lugar en que estaba de pie; llenos los ojillos de lágrimas rosas, Badalum El Príncipe ofreció su propio sacrificio. No-no-nó, gritaron todos. Pero él defendió con tanta vehemencia su idea que Patelo-Zim y Osi-Bunda poco más pudieron hacer. Lo acompañaron con sus propias lágrimas celestes. El monarca goq brindó un último trago de dulce de caña, tomó un último bocado de hongos y se despidió de sus amigos. Junto a una docena de sus más fieles soldados voló al reino de Los Guardianes.

La batalla recrudeció en Goq. Los insaciables zambures tragaban las reservas cocacoleras con desafuero, se bebían el zumo de caña y se comían los palos, los hongos, las cañas y cuanto hallaban aun sobre los campos. Cuando nada de eso quedó, pasaron por sus dientes de hielo los cuerpitos heridos de los soldaditos apresados. Hacían slurp-slurp y escupían los huesillos azules.

Dos luchadores goqs dieron la gran nota antes del irremediable final. Escurriéndose entre los enemigos, alcanzaron a El Rey Monojimeno y comenzaron a golpearlo bajo los brazos. Los goqs tenían el gran poder de desarmar un cuerpo en partes cayendo sobre él volando en picada. Sus lúpines eran la mejor defensa del reino. Tiraron de ellos cuando el rey zambur quedó desprotegido: su guardia estaba enceguecida y dsitraída en el festín salvaje que daba cuenta de los defensores de las nubes rojas y amarilla.

Pero no era la hora final del jerarca zambur. Uno de sus soldados descubrió el ataque y se lanzó tras pequeños luchadores zoqs. Sus dientes despedazaron los cuerpos de los guerreritos antes de que El Rey Monojimeno sucumbiera. Luego llevó al monarca al fondo de las columnas y lo entregó a los médicos del Viento Frío para curaciones con óxido y mercurio caliente.

La vida del héroe zambur acabaría también pronto cuando una dispersa brigada de goqs y bundas llegó hasta él entre saltos, vuelos y arrastradas. Golpeándole la débil frente y masticándole los talones, desarmaron y arrastraron a la bestia y la empalaron en el último bosque de caña del reino perdido.

De poco sirvió. La batalla llegaba a su fin. La última nube roja del Reino de Goq se tornaba velozmente gris y prontamente negra. Los Zambures de Pincalia, más fieros y pertrechados, tragaron sin descanso a los goqs, zims y bundas que inúltilmente aun oponían resistencia. Incapaces de defenderse por agotamiento, mantenían la formación en el campo de batalla por inercia. Es probable que las dentelladas que les quitaban la vida resultasen un alivio.

La vanguardia de El Rey Monojimento llegó finalmente donde Patelo-Zim y Osi-Bunda. Los protegían los despojos de la guardia imperial, cinco goqs y media docena de habitantes de su reino extinto. El mismo jefe zambur ordenó que lo llevasen ante los monarcas. Era el instante definitivo: se los quería comer él.

Como en todo combate, vencida la resistencia, el final llega presuroso como río crecido. En segundos, los cuerpos de Patelo-Zim y Osi-Bunda fueron parte de la carnicería y acabaron en los intestinos transparentes del rey zambur. Los reyecitos murieron tomados de la mano, gritando como cerditos que se desangran. A los soldados de su pequeña guardia los trozaron los custodias de El Rey Monojimeno.

Los Guardianes finalmente arribaron para cuando el Reino de Goq era un vaporcillo rojo rodeado de borrasca gris, morada y negra. El territorio de Badalum El Príncipe, sacrificado momentos antes para honrar el pacto de salvación, se había convertido en un desierto carbonífero donde nadie saltaba, reía o volaba. Sólo estaban allí los Zambures de Pincalia, moviéndose pesadamente con los estómagos repletos de goqs, zims y bundas.

Los Guardianes cumplieron su parte del trato. Más fuertes y frescos, arrancaron con sus manazas las cabezas de la mayoría de los zambures y expulsaron a las nubes negras al resto. En su partida, El Rey Monojimeno, festivo a pesar de la contraofensiva, se llevó una nube del Reino de Goq y la totalidad de Zim y Bunda. En el viaje de regreso bailó alegremente las cadereadas de su temprana juventud.

Los Guardianes también dejaron Goq pronto. Ya no había peligro allí para su comarca ni quedaba nada que aprovechar. Antes de irse patearon de las nubes los restos de goqs, zims y bundas. Cuando cayeron al Planeta Azul, Blanco, Marrón y Verde, los Hombres de Abajo metieron sus autos bajo cubierto para que el granizo no les dañe la pintura.

A J.C., HOMBRE EN GUERRA.


8 COMENTARIOS:

Teresa

Impresionante. Chévere. Rarísimo, duro. Me esperaba un cuentito cuando anunciaste algo infantil. Hasta me creí que se vendría pornosoft (ja ja) pero esto tiene un sabor amargo que al final quieres destruir el ordenador por esos goqs tan tontos y crédulos. El Reino de Goq debe quedar en mi tierra vinotinto.

Teresa

Michael

Nice story. Hard to read it if Spanish is your third language, but I've done it and I find it interesting. In some way, it is difficult to feel why do you decide to put those little and funny goqs, zims and bundas in such a bad situation... I mean, why your best stories always finish with someone dead?

Mike Geouff

Washington

FOnseca, qué ideas más raras se le ocurren a Ud. Pero qué lindo que las escribe, carajo.

Washington

Washington

Dicho sea de paso, me encantaron dos cosas. Primero, leerlo sintiéndome un niño grande. Lo disfruté mucho, más allá de tu oscuridad innata. Segundo, el final --tu especialidad. Me gustó eso de confrontar dos mundos, una apariencia sencilla para nosotros, como el granizo, que resulta ser una forma de vida que no contemplamos.
M. Night Shyamalan está cagado en las patas, Gemelo! (es un chiste)

Washington

› Anónimo

Ah, a mi los cuentos infantiles no me gustan mucho pero te confieso que eso de ponerle un toque tenebroso me acercó un cachito. Empieza muy bien, pero hubiera deseado que metas la carne quemada (más dureza) más arriba. Pero despues ya es ritmo puro hacia el desenlace, que no se me hizo cantado (otro twist de los buenos).
Esto es lo curioso: esperás que haya un twist porque todos ya te agarramos el estilo, pero nunca carajos sabés para qué lado va a ser, y ahí está lo bueno de la sorpresa.
O sea, empecé diciendo que no y ahora resulta que a medida que voy acordando, me gustó. QUién me entiende a mí...

La Turca (y Madura, que no puede entrar a Google... mecagoendíe!)

Posdata: Me gustó eso de "o te casás o te escapás" cuando encontrás a tu igual.

Diego Fonseca

Teresa: Goq queda en cualquier Cielo. Y tontos y crédulos hay en todas partes. También Zambures. La metáfora no es tan compleja.

Michael: Why? Don't know. My mother says I've been always a good guy. Your comment is quite funny...

Washington: Tiene razón a lo primero (ideas raras) y gracias a lo segundo. Insisto en que no hay oscuridad innata. Ha de ser la época del año...

Turca: Bienvenida nuevamente. Te juro que lo de los twists es sólo pasajero.

Machuca

Wowwww... Me encanta, pero a mis hijos no se la cuento ni peda, güey

Tú sí que matas, güey... Atila El Huno debiera ser sucedido por Fonseca El Uno

Fiuuuuuu!

Machuca, soliviantada

Diego Fonseca

Machuca: No exagere. El Dos está bien.

Zona de comentarios

Aquí cualquiera comenta pero no todos dicen algo

Bemvindo.

Somos gente grande, así que no hay moderación de comentarios.
Eso quiere decir que las ofensas se van solas al tacho de basura.

Diego