lunes, 14 de julio de 2008

La misma moneda

Noelia y Chela están en el área de verduras del supermercado, en Caballito. Noelia huele unas naranjas. Chela aprieta una mandarina. Demasiado blanda, muy madura. Noelia deja las naranjas: $ 12,50 el kilo. Ni en pedo. En Buenos Aires ya no se consigue nada decente y barato. Piqueteros.

Se van para las carnes.

Ya te digo, Chela, agradecé que no estaba el Octavio porque si no se arma más quilombo todavía. ¿Qué dice, don? ¿Me da medio de mondongo?

El carnicero saca el estómago enorme y se pone a tajear.

¿Tan jodido fue eso? Che, pará, ¿esa balanza está bien? ¿Yo ví mal o empezó a contar en 200 gramos?

Noelia, que estaba de espaldas al carnicero abriendo un caramelo Media Hora, se vuelve.

Oiga, don, ¿qué pasa con la balanza?

Nada pasa, ¿qué va a pasar?

Ahí no hay medio kilo, hay menos. Hasta un chico se da cuenta —dice Noelia, controlando el enojo—. Fíjese bien, capaz que anda un poco mal.

El carnicero sabe que lo pescaron, pero sigue el juego. Mira debajo del mostrador.

¿Sabe que sí? —dice tirando del cable—. Mire, flojo. Son estos pibes, todos nuevos. Con la crisis toman a cualquiera. No sé adónde vamos a parar, pero digo lo mismo desde hace treinta años. Estos no tienen ni idea de dónde enchufar los pendorchos estos. Pero ya se lo arreglo, no se preocupe.

El carnicero se va al fondo a buscar el pedazo grande de mondongo.

Este se cree que somos pelotudas, Noelia. Es carnicero desde que nació. ¿Nació adentro de la panza de una vaca y me viene con que no se da cuenta cuánto pesa medio kilo en las manos? 'Ceme el favor...

Es un viejo de porquería, Noelia. A mi cuñada le vendía el riñón congelado.

Yo lo curo, no te preocupes. Don —grita Noelia—, ¿me traería también unos cuatro choricitos?

¡Claro, señora! —responde el carnicero desde el fondo y se mete más adentro de la cámara frigorífica.

Ahora, Chelita, agarrá.

Noelia se estira y saca de encima del mostrador un trozo de vacío. Al peso, tiene casi un kilo. Lo tira dentro de la bolsa que le sostiene la Chela. Justo antes de que vuelva el dependiente, la Chela le clava un eficiente gargajo verdoso al resto del vacío que quedó en el mostrador. Lo unta por toda la superficie con la palma de la mano y lo da vuelta.

El carnicero ya está de vuelta, toma el vacío y lo corre para hacer lugar al mondongo.

Listo, doña, mire qué belleza —dice mostrando la lonja, que arrastra por el mostrador—. Y ni le digo los choricitos que le traigo. Por la molestia, ¿vio?

No, si le entiendo —dice Noelia, impostando la amabilidad con grosería—. Y gracias por la atención, don. Siempre un gusto.

Se van. El tipo las deja ir sin cabrearse. Cree que ganó. Lo pescaron con el truco del mondongo pero los cuatro chorizos tienen más grasa que carne. Y la carne es requecho de cerdo. Al menos recuperó ahí. Ya no se consigue carne decente. Piqueteros.

Noelia y Chela apuran el paso, llegan a la caja, saludan a la chica y pagan. En la entrada, un perro huele insistente el aire. El aroma de la carne al descubierto. Las mujeres aceleran el paso entre risas, festejándose la travesura. Se detienen en la esquina. No ven venir a nadie del supermercado.

Che, con todo este asunto no me dijiste qué pasó —dice Chela pasando el bulto de carne a la bolsa de Noelia.

Hmmm, cierto —saborea Noelia el Media Hora—. Fue el martes. En el 24 Horas de la Shell. Entró un tipo borracho, un gordo asqueroso, y quiso sacarse una Coca-Cola de la heladera sin pagarle al Quito. Lo ubicás al Quito, ¿no? El pibe que atiende la caja, el hijo de la yegua de la Ceballos.

Claro, flaquito, divino, unos ojos celestes enormes. Y dejame decirte: no son del “padre” ni de la madre, porque los dos los tienen marrones.

Ese mismo. Bueno, el borracho abrió la Coca adentro del 24 y se la empezó a tomar y cuando se estaba yendo el Quito lo paró. Pagame, le dice. No tengo plata, le dice el otro, teneme consideración, yo soy.... Nada, nada, borracho de mierda, le dice el Quito, pagame o llamo a la cana. Y el tipo que no, que tiene sed, que está sin comer y amaga a seguir caminando. Nada, le saltaron encima cuando se rajaba. Lo molieron a palos entre el Quito y los dos Pereyra, el médico y el policía, que estaba de turno pero pega igual de franco.

Qué barbaridad.

Eso mismo dije yo. El Octavio me dijo que si él estaba ahí eso no pasa porque él los olfatea a estos esos mugrientos del orto. Y si se le escapaba, lo acorralaba antes de que abriera la botella. Imaginate, pobre Quito, que es un chico amoroso, lo que le toca pasar. Encima con un tipo así, tan sucio, gordo, chorreando grasa, ay...

Pero es así, Noelia, esto se está poniendo cada vez peor. Cada vez más chorros, negros de mierda, por todos lados.

Ay, pero ahora que lo digo, Chela, me da como un no sé qué. Acordate que nosotras nos robamos el vacío del carnicero. Yo sé que hicimos bien porque es mala gente, pero ¿a vos no te da un poco de culpa?

Querida, nada de culpa, por favor. Él te iba a robar primero y se lo merece. Le pagaste con la misma moneda. Y si fuera robo, ya sabés: ladrón que roba a otro ladrón, tiene diez años de perdón.

¿No son cien?

Diez, cien, quinientos. Lo que importa es que hiciste justicia con este chorrito. Vas a ver que ya no nos va a ver más la cara.

Che, ¿y con esto qué hago? —dice Noelia mostrando el mondongo—. Porque lo pasó por el lugar donde estaba el vacío con el gallo.

Ay, dale tranquila. Lavalo en tu casa y ya. Apenas si tocó el mostrador.

Se despiden. En el camino a casa, Noelia se encuentra al pordiosero borracho del 24 Horas de la Shell. El tipo está destrozado. Tiene la cara hinchada como una bergamota. La paliza tiene que haber sido feroz para que le se vean los cortes detrás de la barba tupida. Noelia se apiada y le regala la bolsita de mondongo. Después sigue camino a la casa, sintiéndose ecuménica, paladeando la buena obra.

Igual hará Chela cuando el mismo mendigo esté pidiendo limosna a la salida del club. Chela ganó bastante jugando a la canasta y se condolerá de la desventaja del viejo. Sucio, oliendo a rancio, incapaz de articular palabra, con una tristeza negra en la mirada. A la noche dormirá reconfortada. Le dio dinero suficiente para comer tres días.

Pero el mendigo tiene hambre hoy y minutos después entrará al supermercado. Saldrá de allí con carbón, una tira de pan, dos chorizos, un pedacito de vacío y tres Termidor en tetrabrick. A la noche, algo atontado, lo matarán a palos el Quito, el policía, su hermano y el Octavio, el esposo de la Noelia, en el 24 Horas de la Shell.

El pordiosero fue a comprar una Coca-Cola para cortar la mamúa. Cuando los vecinos lo revisen, hallarán dinero para pagar esa y otras ocho coca-colas y hasta cuatro paquetes de cigarrillos Parliament. Verán su DNI y sabrán que tuvo la mejor zurda de la historia. Lo ratificarán los tatuajes de Guevara y Tyson.

A esa misma hora, en una impaciente espera por el Octavio, Noelia se comerá uno de los cuatro chorizos. No estaba tan bueno como el carnicero decía.

25 COMENTARIOS:

› Ulises

¡Me ha gustado mucho el relato! Pero ¿qué es un vacío (cárnicamente hablando)? En España si te dan vacío en la carnicería no te están dando nada.

Un fantasma recorre el Sur

Me encanta también y ya decía yo que iba a terminar así, no el cuento sino Diegote, o sea, no vos sino El Diego, o sea Maradona.

Muy buen manejo del ritmo, especialmente en el diálogo de las veteranas, que es convincentemente barrial.

Diego Fonseca

Ulises: El vacío es lo que en España llamarían falda. (Para lo que no tienen denominación es para el bife de vacío propiamente dicho, que está por debajo del españolísimo solomillo o lomo, a secas, en Argentina.) Es en la pared lateral del abdomen. En América Latina, al vacío se le llama, en general, falda (ECU, VEN, PER, URU y BRA, donde es "vazio"). En Chile le dicen tapabarriga o tapa de barriga, en México también le llaman aldilla y en Perú, malaya. En Ecuador, según el Ministerio de la Producción de Argentina, también lo llaman falda. Sorry, vicio de periodista.

Diego Fonseca

Fantasma: Gracias.

Nicolás: Me dejaste intrigado. Envié tu mensaje para probar y sí funciona. Yo lo veo en mi pantalla, ¿vos seguís sin verlo? Es posible que sea el formulario nuevo para comentarios. No serías el primero en tener problemas con él. Estoy intentando resolverlo. Pero sí veo tu mensaje y el mío con tu texto. O sea, funciona. Avisame, por favor.

A todos: Estaré un poco ausente estos días. El miércoles sube La Revoluta/4. Saludos.

Vicky

Buen texto, Diego
Lástima que lo mates a Maradona, pero más de una vez me imaginé un final así para él. Si termina así es porque lo arruinaron y se arruinó.

Vicky

Yo no sé para qué me meto si nadie me llama, pero no se ve ningún mensaje de ningún Nicolás, Diego.
Saludos,
Vicky en el Cielo con Amantes

Un fantasma recorre el Sur

Igual yo, no veo nada del tal Nicolás, Gemelo.
Vicky, Maradona ya está muerto de antemano. Sus decisiones lo pusieron en un camino con pocas salidas.
Pero él no es lo importante en el cuento, sino la excusa. Todo lo que rodea a Maradona es lo interesante. Las vecinas, el carnicero, los de la estación de servicio.
Me pasó que lo leí primero y dije que exagerabas. Todo eso junto era mucho. Pero depués lo relei mas lentamente y es muy posible. Pasa que son muchas cosas y no las ves con detalle, pero si solo miras la historia por los ojos de un personaje, ponele Noelia, tiene un registro distino q si la pensás por Chela.

Un fantasma recorre el Sur

Y algo mas, y disculpen que me ponga largo... Los tipos del 24 horas, todo otro tema: qué decidieron, qué pensaban, eran seguidores de maradona con seguridad pero còmo no lo notaron, dónde estaban sus cabeza, por qué no sospecharon nada. Y CHela. Y qué habrá sido del carnicero al dia siguiente. O ese mismo dia, vendiendole a Maradona la porqueria sucia.
La verdad que me parece un texto bien escrito, bien resuelto, sobre un tema comun pero trabajado con fineza. En menos de 500 palabras (no las conté) hay 4 o 5 historias conviviendo y todas te dejan abierto el panorama. Yo soy Trapero y te llamo para hacer el guion de esto en cine, che =)

Soboro

Relato real-naturalista.
La miseria moral de los personajes no compensa la dos nobles acciones de las protagonistas, pues al final el ex-boxeador estaba destinado por el ambiente social y su particular evolución a un final desastroso.
Los diálogos son muy realistas y caracterizan bien a los personajes.
Creo que una de las cosas más difíciles de un escritor es hacer diálogos creíbles y tú lo has conseguido de sobra.
También me resulta curioso algunos, supongo, argentinismos, como "piqueteros".
Un saludo.

Esteban Dublín

Está bueno, gemelo. A veces me llegan tus mensajes al correo, pero no siempre tengo el tiempo suficiente para leerlos. Un saludo desde Colombia.

Ana Lia

Cuántas tensiones cruzadas. Excelente. Como dice Fantasma, exponés lo justo para que, por detrás de cada personaje, armemos la historia. A mí me quedó muy fuerte la imagen del carnicero, un tipo que debe vivir en Devoto, nada amargado en general pero con un carácter terrible, que fuma como sapo y tiene dos o tres hijos re-laburadores. Nada que envidiarle.
Excelente, Diego

Nicolás Guillén

¿Se ve ahora mi comentario?
Por si acaso, me gusta el texto y más me gusta que Diegote no sea el personaje central sino que esté desplazado, como un subalterno. Hay vida siga más allá de Maradona.
Me parece uno de tus mejores relatos.

Ahora espero que se vea mi comentario, carajo.

Nico G

› Anónimo

Me gustó.
Saludos desde México
Rafael S

Diego Fonseca

Vicky: Todos elegimos.

Fantasma: Gracias. ¿En serio que sos Trapero? Call me, Ciannamon.

Diego Fonseca

Soboro: Me extenderé un poco. Un piquetero es un cortacalles. A secas. Algunos pobres de neuronas creen que, si es por izquierda, tiene más legitimidad que por derecha. Da igual. En el País Petiso (Argentina) hay una errónea concepción de la protesta y el reclamo que consiste en creer que mi derecho antecede y es superior al de los demás. Es la peor perinola: todos joden a todos, todos pierden. La decadencia no es infinita y al País Petiso ya se le ve las costuras. Están muy mal hechas, por supuesto.

Diego Fonseca

Esteban: Estás invitado cuando quieras. Felicitaciones por el Concurso de Microcuentos.

Ana Lía: Caramba, me has dado una idea. Cada día me seduce más la idea de la obra infinita.

Diego Fonseca

Nicolás: Gracias. Resumiste perfectamente la idea del txt. Hay vida después de Él.

Rafael: Gracias.

Soledad

Je, los piqueteros son tal revulsivo social que han pasado de factor de división a motivo de chanza, burla y risa. O sea, perdieron ya toda fuerza. Sólo falta el irrespeto final: nombrarlos funcionarios.
Diego, coincido completamente con lo que decís sobre Argentina. Qué manera de revolcarnos en el excreto y que nos guste.

Soledad

A propósito, ¿por qué País Petiso? Ilumine, maestro.

› Anónimo

Eso mismo: ¿qué es eso de País Petiso?
No puedo entrar a Google, pido disculpas por el anonimato.

Machuca

Diego Fonseca

Soledad y Machuca: Humor popular, cizañero, hosco y mal entrazado. País Petiso = Chiquito, retobado y agrandado. A veces me tendría que callar la boca...

› Anónimo

País Petiso... je je

El Chango y Nieto

Ahora sí lo pongo con nombre y apellido: País Petiso... je je

Estos de Blogger piden Gmail para conectarse y eso de andar creando uno para estos menesteres es algo engorroso. ¿No les pasa? Qué pesadez... Saludos salteño-jujeños,


Gemelo, ¿por qué no salió La Vigilia?

Diego Fonseca

Chango y Nieto: Por exceso de trabajo rentado. Ese es la síntesis. Sale en los primeros días de la semana. Promesa.

Autócrata

Otro txt cheverísimo. Chévere los twist sucesivos, porque primeor piensas que el asunto decanta por el butcher, después por las viejas, o por los de la gasolinera o por el viejo. Y decanta por todos. LOs múltiples escenarios abiertos son como una nouvelle breve. Un muyy buen cuento, Gemelo.

A y E

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