LA REVOLUTA – EPISODIO 14
A medida que la mañana se agotó y el cielo mantuvo el capote, al día le subió el mercurio y ya nada detuvo la queja de los benteveos. Habían chillado desde temprano, acompañando el movimiento de las nubes, pero recién les ganó el nervio por el agua segura a la hora del almuerzo, cuando las chicharras batieron duro y parejo: el aguacero sería nocturno, decretaba el cricrí infinito, y así se ahogaría el sábado.
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Diego Fonseca