lunes, 13 de octubre de 2008

Wolf

Nací el 11 de agosto de 1837 en El Segundo y he empolvado más millas que todo el Séptimo de Caballería. Mi madre me bautizó Jonas; mi padre me dio el Swanson. Mi mote era Cisne y parecía obvio por mi apellido. Con los años fui engañado varias veces, mi cuello se hizo muy largo, los cabellos demasiado cuáqueros y los cuencos de los ojos quedaron bordeados por el cansancio. No debía ser demasiado listo para reconocer que, al menos en mi tierra, la vida admitía más de un sentido.

Quien me apodó fue el mismo indio shoshone que me enseñó a cabalgar. Era uno de los bravos de Washakie que sobrevivió los asaltos a los trenes de Wyoming. Vivía cerca de casa, en una casita que olía día y de noche a sebo de cerdo. El viejo no tenía casi dientes pero no era débil. Sus ojos comprendían la profundidad de la noche de Arizona.

A la noche se emborrachaba con whiskey y apaleaba al perro, un hocicudo tan lánguido que debía alimentarse del aire. Después del amasijo, el indio cantaba a media lengua en el inglés aprendido de mi madre: “Fair is the white star of twilight / and the sky clearer at the day's end / But she is fairer, and she is dearer / She, my heart's friend!”

Desconocía la contrariedad que entristecía al salvaje. Nadie recuerda aquí su nombre real. Le decían Wolf por repetición; vivía recordando cosas sobre lobos. Era como una lechuza, ululando palabras a media voz, apostillando algún diálogo desde la sombra. Siempre alabando a los lobos, siempre echando pestes sobre los coyotes.

Tendría unos ochenta años cuando me enseñó a cabalgar siendo yo un niño. Lo hizo sin emitir un sonido. Guiaba al caballo de la brida y lo sometía con el gesto. Era una relación teatral. Wolf se plantaba frente a los dientes de la bestia y, al cabo de los minutos, el animal bajaba la cabeza. Daba un paso hacia él, luego otro y le ofrecía la crin. ¿Cómo demonios conseguía eso?

A mí, Wolf me obligó a trepar en pelo después de arrancarle la montura del lomo a mi caballo. Cuando me enfadé, él nada más señaló el ojo del animal. Ahora sé que no fue nada pero entonces creí que Light, mi yegua blanca como el sol del desierto, la única que había en el rancho, me estaba pidiendo con ese ojo negro que la monte desprovisto. Cosas de indio y animal, dije yo entonces. Animales iguales.

Wolf tenía el cuerpo lastrado y la espalda caída hacia un lado. En el pecho coleccionaba marcas. Flechas, un par de balazos, costuras gruesas hechas sin concierto sobre los tajos de un hacha o un cuchillo. Una mordedura larga y profunda le hundía la carne de la pierna derecha. Un coyote, cuando joven. Entonces creí entender.

Los shoshone adoran a los animales. Son supercherías de salvaje pero tiene su sentido; aprendieron de ellos. Cuando el mundo era otro, decía el indio, el Lobo hablaba con las personas y el Coyote lo recelaba. Una vez, el Coyote decidió enemistarlo con los shoshone y cuestionó su habilidad de resucitar a los muertos disparándoles una flecha debajo de sus cuerpos. Dijo que si hacía eso pronto no habría lugar para nadie más sobre la tierra de tanto cadáver reingresado.

“El muerto debe permanecer muerto”, dijo Wolf que dijo el Coyote.

El Lobo nunca respondió. Mi indio decía que era más astuto.

Una tarde, el Coyote llegó con los ojos llenos de pánico: su hijo había sido mordido por Rattlesnake, la decisiva cascabel. Nadie la sobrevivía en el mundo animal y Coyote entendía que el destino de su hijo sería la muerte. Así que, sin reparar en su prédica, rogó al Lobo que dispare una flecha. Cuando llegaba a este punto, Wolf se ponía grave: entrecerraba los ojos y su voz raspaba como lija.

El Lobo le recordó al Coyote sus cuestionamientos y no hizo nada. Por supuesto, el hijo del Coyote se fue. Ese día nació la muerte y la gente conoció la tristeza de las pérdidas, decía entonces Wolf y hacía una pausa sencilla, nada meditada, perdiendo la mirada en el aire o en el piso, como si nada pasara.

Inevitablemente crecí y me fui del rancho. Al morir mis padres, el indio me recibió. Seguía en su casa. Convivimos unos días durante los que intenté sacarle conversación recordándole alguna de sus leyendas, pero me miraba largo rato y se iba sin decir palabra, como si yo fuera nada. Tipo raro.

El último día que vi a Wolf el indio hablaba solo. Oraba o algo así. Elevaba los ojos al cielo y miraba luego en derredor, como si se dirigiera a una ronda de fantasmas. Era vehemente y de vez en cuando gritaba o negaba con mucha voluntad.

El perro lo acompañaba sentado a un lado, aprovechando la sombra larga de un saguaro, cabeceando de sueño o bochorno. No podía creer que la bestia siguiera viva, pero allí estaba, como si los años y las golpizas no hicieran sino fortalecerlo. Me miró una sola vez y luego sacó la lengua y empezó a respirar agitado.

Como si fuera una señal íntima, el indio hizo silencio de repente y me miró sin emoción, con los mismos ojos lejanos de siempre. Fue extraño; sentí un escalofrío en la espalda y por un instante pensé que se había levantado una breve ráfaga de viento frío. Llegué a creer que eran los espíritus de los bravos de Washakie o el Lobo o el Coyote de las leyendas shoshone.

Volví a mirar al viejo. Tenía el torso desnudo. Las marcas antiguas seguían allí indelebles y se habían sumado otras. Su espalda y pecho parecían tierra barrida con rastrillos. Conocía la última muesca bruta; la vi cuando le cruzaba el costillar roja y sangrante.

Fue un acero que la noche anterior le cruzó otro indio viejo. Una pelea equívoca para nosotros, que nada más vimos a dos salvajes borrachos de whiskey barato hablando su lengua incomprensible, latosa y gutural. Después de la pelea el otro viejo se perdió en las montañas vociferando una retahila de maldiciones, gesticulando y riendo como poseso. Wolf se volvió a la casa secundado por el perro. Esa misma noche, después de la paliza de rigor, la bestia lamió con compasión su costado.

Yo creí que el indio no pasaría de la madrugada pero su fortaleza siempre ha sido sorprendente. Aun ahora, con el tajo sangrante, sigue como si nada. Acaba de terminar el rito y, por magia o porque lo conozco un poco, sé que esa mirada es la última que recibiré.

Con la luna desperezándose para platear los saguaros y la roca rojiza de Sedona, el indio ha dado media vuelta y tomado el mismo camino por el que anoche se escapó su cuchillero.

Canta.

Far stars and fair in the skies bending / Low stars of hearth fires and wood smoke ascending / The meadow-lark's nested / The night hawk is winging / Home through the star-shine the hunter comes singing”.

El perro lo sigue a la distancia con la cabeza gacha y el lomo corroído a palos, esquivando las espinas de los cactus.


BASADO EN THE HEART'S FRIEND Y THE WOLF TRICKS THE COYOTE TRICKSTER

22 COMENTARIOS:

el tapir

Me gustó mucho la historia, aunque no pueda decir que sea un relato original, Me parce que la leí en el Tony. Jajajaja no acuso plagio. Digo hay una estructura del personaje conocida y no por ella menos efectiva.

› cara de amante

Hola, Che

Que padre !! muy buena para reflexiòn, te felicitò por ese don que tienes

Esteban Dublín

Ao, hombre parecido a tu hermano con maldad en tu corazón.

› Ana Lía Weiller

Belleza de material. Lo voy a pasar por mail.

Diego Fonseca

A todos
A quienes preguntaron por mail, esta semana ha sido compleja para conectarme a internet. (Pero eso no significa que no haya que comentar, gentuza)- Prometo seguir las respuestas el fin de semana. Gracias por pasar.


Tapir
Te juro que es completamente original. Aunque bebí en las aguas de "El Tony" y "D'Artagnan", esto no viene de allí. Mirá los links al pie. De ahí sale.

Amante
Gracias. Aunque el don parece que lo tiene El Lobo.

Esteban
Estoy tratando de comprender esa frase, E...

Ana Lía
Pase sin miedo.

Walterio

Sentí que resucitaron ante mi, algunos libros amarillos de la colección Robin Hood.

› Nippur de Lagash

Por qué será q a todos nos despierta la misma idea? Porque el Wolf del Tony no era este. Aquel era sajon, llevaba un cuchillo y se hablaba con la loba que lo alimentó
Como sea, es un texto fascinante, Diego

› El Bonete de Horacio

Quien era el personaje, Jackaroe?
Muy buen texto. Que te lo dibuje Sampayo. Ya!

› Wolf no es Robin Hood (soy Naughty Ferguson)

No, pero nada que ver. Ya dijo Nippur: ese "Wolf" era un colorado sajón que tenía los ojos casi blancos, como "Dax", ¿se acuerdan?
Este es otro palo. Y además la historia de los indios-ánimas es de otro planeta. Si uno quiere o puede le encuentran 25 lecturas por detrás.

› Mariana Pozo

Todo el mundo intenta dilucidar la relación de los indios, quién y qué hacía el tercer personaje, el tal Swanson... pero quién se ha fijado en el perro?
Es una conciencia, una reserva de historias. Qué habrá en la cabeza de ese animal? Quién es él?

Diego Fonseca

Walterio
Aun conservo "Los tigres de la Malasia", "Sandokán" y un par de Huck Finn en casa. Tienen más de 30 años pero ahí estoy yo. Buen recuerdo, W.

Nippur
Es posible que incida la ambientación de la historia o la historia misma. Me tiene sin mucho cuidado el qué, pero me agrada que "Wolf" haya disparado esos recuerdos entre los cinco o seis que deciden pasar cuando no estoy en línea.

Bonete de Horacio
La verdad que nunca tuvo forma física reconocible en el pasado. Si a Sampayo le gustase esto, yo agradecido.

Ferguson
Tanto debate me está haciendo volver a pedir esas viejas revistas...

Mariana
Buenas preguntas. También yo, cuando terminé el texto, noté que había mantenido al perro como una reminiscencia de algo. Estuve a punto de operar más sobre él, pero decidí finalmente dejarlo allí, ausente/presente, suerte de conciencia escindida y silenciosa. Hay algo de totalizador y suprahumano en la bestia.

› Machuca La Ruca

Mira, yo no sé si importa que te hayas inspirado o no en esos ¿libros? que mencionan (perdonen, pero a México no llegaban o yo nunca los he visto), pero sí se que el texto me gustó muchísimo, que tiene una calidad intrínseca mayor y que, como dice Mariana Pozo, hay personajes fuertes que dan mucha tela. QUé es el perro es algo interesante, pero qué había en la cabeza de ese indio, qué en la del otro y qué pretende mostrarnos el narrador, el tal Swanson. Este es un texto que comprende otros textos, pienso ahora, y que tiene mucho más para dar, Diego. O sea, más historias desprendidas de él, ¿no? No es una sugerencia pero para qué digo que no si sí

Marion

Invirtiendo al Doctor Casillas: Hombres...
Machuca tiene razón. No importa si hay algún ressemblance con algo visto pues toda nuestra vida es alguna repetición. Yo no conozco nada de lo que mencionan pero creo que la calidad del texto es absoluta: es muy bueno y punto. La historia es deliciosa, la cadencia es perfecta, los personajes tienen la descripción necesaria (esas descrpciones que no molestan sino que te dan la libertad de terminar de armarlo), las historias subyacentes son una explosión de posibilidades.
Si Fonseca tiene por detrás las historias de Robin Hood (quién no), alabados sea Robin Hood y los padres de Diego por dárselas. Y si son las revistas, bienvenido también que las leyó pues nos dieron lo que él escribe.

Ahora que releo no sé bien por qué he puesto este comentario tan extenso. Pero lo único importante es esto: Diego, si yo leo este texto en inglés y fuera editor, te lo edito ya mismo. Tiene una fuerza descriptiva basada en la brevedad y la sencillez poderosísima.

Marion

Lo olvidé:

Marion Getz,
Miami, FL

Marion

Ya que lo mencionas más arriba: "Era uno de los bravos de Washakie que sobrevivió los asaltos a los trenes"

Vicodin a las cuatro

Volvió Fonseca. Ahora nos toca a nosotros: bienvenido otra vez.

Sólo esto: "muesca bruta", "Fue un acero", "Una pelea equívoca". Borges, Borges, Borges.

¿O me equivoco?

› Garrafa de Cinco

Quiubo, tanto tiempo, Gemelo...
Regresé para no irme esta vez.
Y me encuentro con mucha más gente que cuando dejé el sitio y con una producción envidiable y excelente. Debo ponerme al día para leer todo lo que usted tiene aquí. Empecé por los cuentos y éste del lobo y el coyote es excelente.
Seguiré en días posteriores.
Saludos paisas.

Diego Fonseca

Machuca
Algo parecido sucedió con "Héroe meñique": estos son cuentos troncales, que dejan vidas en el camino como ramas. Confieso que me quedé con la idea de dar más del perro y no perder el personaje del indio-coyote y el indio-lobo. Las reencarnaciones siempre abren puertas a múltiples enfoques. Quizás regrese a ellos.

Marion Getz
Muchas gracias por tus palabras. (Me gustó eso de toda nuestra vida es alguna repetición. Lo tomaré, si me lo permitís, para un capítulo de La Vigilia con el que estoy en estos días.) Un detalle nada menor: a este cuento lo escribí pensándolo en inglés, inicialmente. Puede que eso se transmitiese después por simple traducción mental. Y si conocés algún editor en inglés (kazajo o bantú), no te limites: sin miedos, pasale mi email.
Corregido el typo. Gracias.

Vicodin
Borges es Borges. Toda comparación, un exceso. Pero gracias.

Garrafa
Bienvenido, tanto tiempo. ¿De vuelta en Colombia o sigue girando por Los Estéits? Gracias por sus palabras. Lo espero por aquí.

› Matapalomas

Buenísimo!
De verdad que me llevaste a mi infancia a recorrer esas calles en balnco y negro de Savarese, Toro, Jackaroe (Jackaroe!), Dennis Martin y el increíble Aquí, la Legión!!!

Tendría que ponerme a buscar esas revitas. Tony, Dartagnan, Intervalo... QUé más?

Diego Fonseca

Matapalomas
Mis preferidos, siempre, fueron las "Águilas Negras".

› Autócrata y Escuálido

Yo conocí Arizona y me has llevado allí. ¿Conoces? La zona del Cañón es impresionante. Breathtaking, le dicen los gringos. Cheverísima digo yo. Sólo imaginar lo que ha sido aquello, entre Tucson y Phoenix, en pleno desierto con los caballos avanzando al paso, justifica el viaje.
Y si le pones una historia con densidad de significados, como dicen, mejor.
Excelente, Gemelo.

› Todas y ninguna

Borges, no hay vueltas...el north? western orillero... "Con la luna desperezándose para platear los saguaros y la roca rojiza de Sedona, el indio ha dado media vuelta y tomado el mismo camino por el que anoche se escapó su cuchillero." luna y cuchillo no pueden ser otra cosa que don Jorge Luis que se le ha "colao"...

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