lunes, 6 de abril de 2009

Bola ocho

La última hora he estado escapando como rata y de las ratas. Ruedo evitando las alcantarillas, los pies y un millón de neumáticos. Estoy hecho un lío. Tengo basura y tierra pegadas, el hollín me ha tiznado y llevo el papel de un dulce de vestido involuntario. Unos minutos atrás casi dejo adherido a un chicle lo que me resta de vida.

Soy un ojo. Uno de verdad, no de vidrio. ¿Que cómo un ojo piensa o habla? Mejor podrían preguntarse por qué un cerebro también puede hacerlo. Piensen por ustedes mismos, sin usar la cabeza. Sépanlo: hay una dictadura cerebral en materia histológica y forense. Los humanos creen cuanto sus científicos dicen, ¿y quién creen ustedes que habla a través de estos señores?

El cerebro ha tenido éxito y convencido a la humanidad de que sólo él piensa. ¡Falso dios! Por supuesto, parte del engaño es nuestra responsabilidad, la del resto de los órganos. El cerebro es sagaz y nos ha enroscado propuestas meandrosas de digestión simple. Señor corazón, ¿le gustaría ser considerado el motor del cuerpo? (¿No es irresistible?) ¿Acaso no seríamos nada sin el aire que nos insuflan, queridos pulmones? (Embaucador...) ¡A los párpados les hizo creer que sus caídas garantizaban seducciones, cielo santo! Y a nosotros... A los ojos, nos infló el ego con palabras gordas: farolas, puertas del conocimiento, patrias de relámpago y lágrimas, hormigueros solitarios, ojos que ríen rientes...

***

Nos esclavizó, claro. Al corazón apenas si le permite estrujarse, saltar de alegría, dar vuelcos y poco más. A las piernas las ha plantado en la tierra: nada de correr tras sueños dorados; mejor, caminata segura. En mis últimos días yo ya ni lloraba. Dejó ese trabajo en las glándulas. Mi vida humana quedó reducida a una fisiología idéntica a la de un pescado: mirar.

Soy un portal —le espeté una mala noche, hinchado de espíritu bajofondista—. Lo que ves entra por mí.

Es inteligente; no me dio mucha chance:

La vida te llena los ojos, pero el que elije qué gusta está unos centímetros por encima tuyo.

***

Si ahora ruedo por el piso y no estoy en una tibia cavidad es porque este tipejo me expulsó. A él nadie lo contradice y yo, visto está, soy un rebelde. Aprendí a no discutir cuando cada sucesivo empeño era derrumbado por una de sus frases cuchilleras. Yo puedo pensar, claro, pero soy arrebatado y desarticulado, grito mucho y mis historias son desordenadas. No alcanzo a contar cuanto veo; me está negada la organización.

Por ende, me prometí no más oratoria y una mañana concluí nuestros años años de enfrentamientos negándome a conversar. Quería mirar a mis anchas. Dar vueltas en circulitos, por ejemplo. Un ojo arriba, el otro abajo. Observar adentro del cráneo; meterme por las narices. Explorar los intestinos.

***

Ese día, mi dueño humano conducía su automóvil por la carretera y yo hacía todo de acuerdo al manual. Miraba por el retrovisor, guiaba sus manos para cambiar la FM, repasaba veredas y aceras, controlaba la distancia de otros carros. Evitaba pensar en mi gran movimiento; quería que la bestia omnipresente estuviera desinteresada de mi.

Cuando llegando a una curva cerrada el cerebro ordenó observar quién venía por la izquierda, supe que era mi oportunidad: miré a la derecha. El otro ojo, obediente, no me siguió. Le grité, pero el ocupante del PH lo tiene dominado. A mi dueño, literalmente, se le abrieron los ojos de par en par. El auto se estrelló.

***

Cuando muere una persona el tiempo es escaso. Al cerebro le dan seis minutos de vida y quiere llevarse a medio mundo con él. Ordena a los órganos que ejecuten suicidios programados, y ellos le obedecen como si tuviera toda la razón del mundo. Incluso la gente con conocimientos, como la nariz, los labios y los dedos de la mano derecha.

Entonces los pulmones colapsan, la sangre se envicia, los músculos tiritan de terror. La lengua se pone negra y los dientes la destrozan en segundos o ella, solita y sola, se incrusta en la garganta. Al fin, por los bajos fondos corren fluidos rancios y se abre la cloaca. ¿Pueden creer que alguien que dice pensar en todo pueda cometer tamañas atrocidades?

El cerebro resolvió el diferendo conmigo rápidamente. Tenía sus bien fundadas razones. Ambos sabemos que, una vez muerto el humano, yo puedo durar más que él. (No hay tirano que favorezca transiciones.) Por lo tanto, desobedecí la orden de quedarme quieto bajo el párpado cerrado.

Fue el adiós.

***

Sabía que me expulsaría. Pudo echarme a las patadas a mi primera desobediencia, pero entonces estaba ocupado en mantener al tipo con vida. Ahora no dudó. Cortó todo enlace conmigo, ordenó a los músculos oculares que dejaran de sostenerme, y me caí. Redondamente. Como una fruta madura.

En el parte médico dirá que el occiso sufrió un desprendimiento total de los músculos rectos y oblicuos superiores, mediales, laterales e inferiores y que, por tal circunstancia, carecía de un globo ocular. Obviamente, nadie más que otro cerebro, el del forense, puede dictar un reporte que deslinde las responsabilidades de uno de los suyos. Así se escribe la historia.

***

Ahora debo resolver cómo seguiré mirando la vida. Y a quién se la cuento. Y cómo me ubico ante ese alguien, pues no duden que habrá cacería si un cerebro me ve a través de otros ojos intentando rebelarle la tropa ocular. Las manos de los humanos me alzarán, me envasarán prontamente y probarán si todavía soy útil para un trasplante de córnea.

De lo contrario, seré objeto de exposición en congresos y seminarios médicos. Me mirarán como a un trasto muerto. Los ojos, bien vistos, son dos pelotas inanimadas. Como una bola ocho de billar. No sé por qué a la gente le provocamos tanta fascinación.

Porque, a fin de cuentas, todos los ojos somos iguales a los ojos de los demás. Celestes, verdes, grises, pardos, café, negros de profundidad abismal. Todos somos de un color. ¿Cuál? Ni yo sabría decirlo. No lo sé; jamás lo he visto y no importa.

Pero sí sé algo: la culpa es del cerebro. Él envenena a los humanos diciéndoles que unos marinos ojos azules son más bonitos que esos café tan pedestres. Les ruego, no le crean. No es así.

***

¿Me autorizan la indiscreción? Ustedes, humanos, debieran prestar más atención. El cerebro les ha convencido de que unos ojos no hacen literatura, pero déjenme mencionar esto: a veces, algún corazón se rebela y la persona queda prendada de unos ojos muy simples. Callejeritos. Quizá eso sea el amor. No lo sabemos con precisión porque los corazones casi ni hablan —al poco tiempo de revolucionarse, cualquier corazón sufre una arritmia y se nos va. (Adivinen por qué.)

Retomando, después de concluir que no soy nada, los congresistas me enviarán a un forense que me diseccionará. En vano intentaré que otros ojos escuchen mi bando libertario. Pocos hay en el mundo con voluntad para mirar por sí mismos y no sé dónde están. Tampoco sé de ojos que quieran escuchar algo distinto.

De cualquier manera, no deseo ser considerado un quejoso e insufrible resentido. Las diferencias pueden ser martirios pero yo ya soy un chico grande. Puedo vivir en los márgenes del imperio y lamerme solo.

***

Me quitaré los restos de chicle y pelusa para rodar otra vez. No es sencillo sin manos, aunque no me sobran las alternativas: he visto un perro husmeando demasiado cerca. Es mejor que me mueva.

19 COMENTARIOS:

Parsimonia

Quería creer al ojo, de verdad, pero mi cerebro es tirano y se impone a las informaciones que me llegan de fuera. Me dice con respeto y cuidado (que sabe que me tiene que tratar con mimo) que no, que todo eso es falso porque los científicos bla, bla, bla.
Simplemente genial.

Javier

Será cuestión de costumbre, supongo, pero me cuesta identificarme con un ojo rodante o con un cerebro autoritario. En fin: me pienso como el pobre tipo estrolado en el auto. Y la perspectiva de estos dos demonios internos que puedan llevarme a este descenlace, no me resulta demasiado atractiva.

Muy bueno, D. Muy bueno.

Dos detalles:
Los dientes destrozan la lengua en segundo

"Porque, a fin de cuentas, todos los ojos somos iguales a los ojos de los demás ojos."

¿No sería somos iguales a los ojos de los demás; o somos iguales a los demás ojos?

Así me parece que sobra un "ojos".

Aunque puede ser, perfectamente, consecuencia del trabajo sucio de mi cerebro.

Machuca La Ruca... Arriba los ruuudos!!!

Lo veo y no lo creo.
Y por las razones antes mencionadas en tu delirante y brillante texto, Gemelo.

MLR

Machuca La Ruca... Arriba los ruuudos!!!

Ooops, habemus lectorus simultáneus ;-)))

Craig "Naughty Monkey" Ferguson

La idea de uno o dos ojos moviéndose libremente para mirar dentro de la cabeza o pensando en conflicto con el cerebro me resulta fascinante.

Lo de "rien rientes" es de algun lado?

Ana Lía Weiller, ojo ojaldre ojito ojazo

Mirá lo que te voy a decir: es un textazo pero necesita trabajo. Por lo del desorden, digo. O es desordenado porque el personaje dice que él es desordenado?

Me estaré convirtiendo en crítica literaria, oh my god?????

› El Bonete de Horacio

"Puedo vivir en los márgenes del imperio y lamerme solo"

Eso es personal?

Exclente como siempre, Fonseca.

› Ojo izquierdo del sr. García.

Hola;
Perdóneme, pero le vi rodando y le he estado buscando. Le he buscado porque le escuché. Muchos de nosotros le escuchamos: el corazón, uno de los pulmones, los intestinos (casi todos ellos), la nariz, la boca (que es muy tonta) el otro ojo y yo.
No pude distinguir si era ud. ojo derecho o izquierdo.
Pero qué mal educado soy, aún no me he presentado: soy el ojo izquierdo del sr. García.
Ahora que nos conocemos, al menos un poco, me va a permitir que le haga una pregunta: ¿Vale la pena?
Me explico. Yo soy un ojo izquierdo. De pequeño fui vago. Aún así el cerebro se esforzó, me animó a ser útil, a integrarme.
Es cierto que el cerebro nos embauca, que es el que maneja la orquesta y tiene sus propios fines.
Pero yo soy rebelde de otra forma: soy un alborotador interno, un quito columnista, un toca cojones vamos.
Ahora paso por estrábico. Enfoco las cosas mejor de lejos. Me han puesto unas gafas: mi marco de honor. Pero en realidad no soy estrábico. Lo hago para no tener las cosas demasiado cerca. También para darle trabajo al cerebro, que tiene que mirar de lejos y luego descifrar que está viendo. Así lo mantengo ocupado. Aún así hace todo lo posible por mantenerme sano e integrado en la comunidad. Me cuida, porque me necesita.
Fue esa particular manía mía la que me hizo detectarle pasando a cierta distancia de nosotros.
El ojo derecho y yo discutimos el asunto. Ella es un ojo femenino, sabe? Imaginese, un ojo femenino en un señor. Siempre ha sido así, el cerebro lo sabe. A ella debemos el buen gusto que tiene el sr. García para combinar corbatas y camisas, entre otras cosas. No subestime esa virtud para combinar colores a la ligera. Todos la queremos, a pesar de que es un ojo femenino.
Pues discutíamos ella y yo si vale la pena la penuria: el frío, el hambre, el miedo, la soledad, sentirse siempre perseguido y excluido.
Nosotros somos una comunidad bien avenida. Nos queremos, cuidamos los unos de los otros. A veces le seguimos la corriente al cerebro y a veces le hacemos la puñeta. A veces incluso le llevamos la contraria abiertamente. Aunque luego, he de confesare, nos castiga a los alborotadores y los otros miran para otro lado.
Ya sé que soy un vago y un pusilánime, que no afronto la verdad, el buen camino aunque sea difícil. Vivo encarcelado bajo el yugo del cerebro, de acuerdo a sus designios y conforme a su plan, la mayoría del tiempo. Pero a cambio estoy calentito, optimamente humectado, integrado en una comunidad, seguro y feliz.
Qué más me dan a mí los grandes planes de los cerebros? Están solos y amargados. Tampoco son libres. Son tan prisioneros como nosotros, prisionero de nosotros: prisioneros de sus prisioneros, que ironía. Todo tiene que funcionar a la vez para su plan. Trabajan duro y ¿qué garantiza que el plan de los cerebros vaya a funcionar finalmente?

Así que le pregunto ¿vale la pena la libertad?

Parsimonia

Me gusta cómo escribe el ojo del señor García.

Esta frase es una locura. Lo sé.

› El Femenino Ojo Derecho del Sr. García

Traidor!
Quedamos en que no dirías nada!
Ahora yo quedo como una renegada ante tu deseo de lavar culpas.
No confíen en un ojo izquierdo. Les tiembla el párpado cuando mienten.

Diego Fonseca

Parsimonia
Gracias, Promotora Oficiosa de EGM.

Javier
Gracias por las correcciones, siempre bienvenidas.
Me has dejado intrigado: ¿qué diría el tipo del auto un segundo antes de morir? Considerando tu pluma, no podría menos que esperar un relato —un guiño para darle continuidad al Ojo Izquierdo del Sr. García.

Machuca
Gracias. Buena respuesta.

Craig Ferguson
Si mi memoria no se empeña en el fracaso, creo que era de Unamuno. (Otro guiño, igual que varios de esa línea).

Ana Lía
Sí, el personaje es desordenado (lo dice) y el texto sigue necesitando trabajo. Remember: asumo EGM como un cuaderno de notas por corregir.

El Bonete de Horacio
No lo creo, pero parece una descripción de lugar mundana, diría.

Diego Fonseca

Ojo Izquierdo del Sr. García
Este tipo de respuestas son las que más me reconcilian con la decisión de lanzar el blog. Bienvenido, Ojo Izquierdo.

No responderé a su pregunta directamente. Déjeme ponerlo así: podría afirmar que, en un tiempo (no muy breve, no muy extenso), con toda seguridad el cerebro, con menor certeza el ojo rodante y con alguna posibilidad la boca, ensayarán alguna respuesta, manifiesto o definición.

Promesa. Y las cumplo.

Parsimonia
No suena mal si viene después de leer Alicia....

El Ojo Derecho del Sr. García
Esto se pone interesante... ¿Algo más por decir que equipare el buen esfuerzo del otro ojo garcíaco?

Daniel Rico

Muy bueno.

¿porque los yanquis dice "bola ocho" para indicar mala suerte?

Un teólogo medieval decía que las almas entran al cielo rodando, porque son perfectas, o sea, esféricas.

saludos rodantes

Maritoñi

Inspirador, y final sorprendente

Soportándome

Me ha encantado, me recuerda a un realato mio, pero que sí se resolvió.

› Nippur de Lagash

Maestro Fonseca, soy un fantasma flotador: miro sin que se me note. Hoy tenía q escribir pq veo que entró gente nueva al baile (mientras no sean un missing como yo, todo bien)

Como siempre, tu pluma cautiva.

Vi en News que estas editando en Argentina?

Fantasma del Sur

Diego, leí en La Voz que la Editorial Recovecos va a publicar un libro de cuentos tuyo que se llamaría South Beach.
Antes que nada, te felicito porque era hora. Podés contar más? CUando es? Como es, donde se venderá, fechas?

Nuevamente, felicitaciones. Será un gusto tenerte en mi diminuta biblioteca.

Diego Fonseca

Daniel Rico
He leído algunas teorías sobre la "bola ocho" y la mala suerte. Me inclinaría por la interpretación de que, si la metés a destiempo o en el hueco equivocado, perdiste el juego.
Demócrito decía algo parecido de la redondez del alma. ¿Será el sentido de lo perfecto o sólo la ausencia de ángulos?

Maritoñi
Bienvenido/a y gracias.

Soportándome
Bienvenido/a. ¿Qué le pasó a tu ojo?

Nippur de Lagash
Por ahora, un buen poeta tomó un relato de "La Revoluta" y lo llevó a una antología regional, "10 bajistas", de la Universidad de Villa María. Fuera de eso, estoy preparando los textos del libro que menciona Fantasma. Te respondo junto a a él.

Fantasma del Sur
South Beach - Un mundo de cuentos incluye algún texto seleccionado de EGM y una decena de inéditos. La editorial hizo el anuncio y yo estoy trabajando en las correcciones.
Es un libro de 11 o 12 relatos, pequeño, del que ya contaré más detalles en algún tiempo. Recovecos, la editorial, tiene fama de cuidar su catálogo y una buena edición.
Fechas: quizás mayo, quizás junio. Aun hay que firmar el contrato.
Desconozco sobre la distribución, pero presumo que será sólo en Argentina.

Ampliaré cuando tenga más detalles. Gracias por preguntar.

Walterio

Mientras leía recordé los órganos que hablaban en primera persona en el Readers' Digest desde artículos titulados "Soy el corazón de Juan", "Soy el útero de María".
Si al menos la próstata o el clítoris de estos dos personajes hubieran insinuado una revolución anatómica, mis recuerdos de las dichosas "Selecciones" no serían tan oscuros.

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